Ricardo  nació el 22 de junio de 1950, en pleno gobierno peronista. Lo conocí en 1969. Compartí con él las luchas estudiantiles, el cordobazo, – hasta nos afiliamos el mismo día a la FEDE (FJC) en la casa de Marta “La Colorada” en la calle Larrea, en Ciudadela. Aquella tarde también conocí a Gustavo Rugna.

Me acuerdo que primero se hizo la reunión, nos afiliamos y terminamos con una guitarreada. Allí lo escuche cantar por primera vez a Ricardo. En el repertorio de aquella noche pasaron los Beatles, Arco Iris hasta todas las canciones de la Guerra Civil española y las de la Revolución Cubana, que a Ricardo le gustaba cantar.

Tanto a Ricardo como a mí nos tenía ilusionado la Revolución Cubana y la figura del Che.  Ramos por aquellos tiempos era una ciudad de jóvenes, una ciudad donde comenzaban a nacer los boliches de moda, donde el Rock Nacional, escribía sus primeros acordes, donde brotaba la rebeldía.

Fui de a poco su amigo, – mejor dicho yo era su amigo de la militancia – y me encariñé con su entrañable familia: con Don Izzo su querido padre,  – yo diría un padre surrealista – su hermana Alicia, una más entre todos, con la cual novié una temporada; su madre Graciela siempre elegante y “concheta”.  Por último,  Pilo el hermano más pequeño, que por aquellos años era aún un niño que entraba en la adolescencia, lo recuerdo siempre alegre.

En Tiempos del Cordobazo…

Durante el “Cordobazo” su casa fue el “centro de operaciones”, de las acciones conspirativas. En ella construíamos miguelitos y con la camioneta del padre, sembramos las calles más transitadas de Ramos, con aquel contundente “instrumento de guerra”.

Don Izzo era un simpatizante de izquierda y de alguna manera nos dejaba hacer, lo que a él le hubiera gustado hacer, en aquellas circunstancias.

Recuerdo que en aquella “acción revolucionaria” durante una huelga general de apoyo al Cordobazo, cada vez que sentíamos una explosión, sabíamos que el artilugio había hecho su efecto propagandístico. Otra de aquellas  noches salimos a poner pastillas de gamezane, para apoyar las huelgas obreras y estudiantiles en solidaridad con el Cordobazo. Esa noche me tocó estar en un grupo de “autodefensa” con él y con Olga Gallardo, que era una compañera muy valiente y  muy buena cantante folclórica. Tenía un vozarrón tremendo. Pusimos varias pastillas en las dos entradas del túnel de la estación de Ramos. Ahora lo recuerdo y me da pena y risa al mismo tiempo. No sabíamos que había un ciego y un discapacitado, que dentro del túnel estaban pidiendo. Nosotros que estábamos del otro lado de la salida de la estación, por Rivadavia. Al llegar el tren pusimos las pastillas, primero vimos a centenares de personas salir corriendo, tapándose la boca y tosiendo, luego vimos como los dos pobres hombres, mucho más atrasados, salían desesperados de aquella nube toxica. El objetivo se había cumplido. Aquellos hombres nos recordarán durante toda su vida…

El problema para organizar las huelgas, la teníamos siempre con Gustavo Rugna, que era junto a Capello del Comercial de Ramos. Cada vez que teníamos que hacer un paro en el colegio, teníamos que mandar a un par de compañeros, una hora antes para despertarlo. Gustavo siempre llegaba tarde y él era justamente el líder del Centro de Estudiantes del colegio. Varias huelgas habían fracasado, por el sueño profundo de mi gran amigo Gustavo.

Si bien la mayoría del grupo éramos de la FEDE o simpatizantes, a medida que avanzábamos en nuestras militancias políticas, algunos se iban decantando por otras posiciones políticas, como fue el caso de Jorge Capello, que se incorporó al peronismo de izquierda, militando en la corriente que lideraba el mítico Gustavo Rearte. A pesar de las diferencias y el debate a veces duro, la amistad continua entre todos. El objetivo era derrotar a la dictadura.

También lo recuerdo a Ricardo en la parada “Pileta” de la Avenida de Mayo, donde esperábamos el 96, para ir al “Dos Avenidas” o al histórico “Saloón” de Ramos; de donde una tarde, una razzia nos llevo a los dos detenidos – junto a mi hermano Juan – hasta la comisaría de Ramos. El tremendo delito había sido denunciar a la policía, por la persecución que sufríamos, los que teníamos el pelo largo.  Se había organizado una asamblea en el “Dos Avenidas” y se había invitado a la prensa. Las fotos de los “Hippies” aparecieron en “ASÍ” y “Crónica”. El Comisario no duda  en  desatar una persecución contra todos los que por aquellos años llevábamos el pelo largo.

Nosotros estábamos en el Saloón, tomando un café, cuando entró la policía y nos llevaron detenidos.

En la comisaría nos tuvieron varias horas, estábamos con propaganda de una organización  de estudiantes secundarios llamada FESBA, luego nos cortaron el cabello. A las 10 de la noche nos vino a buscar el padre de Ricardo. Al salir nos fuimos a un Cine Club, para ver la película “Los Compañeros”, que organizaba la cooperativa de Ramos (CREDICOOP) en la Casa de Auxilios.

Lo recuerdo a Ricardo una noche de 1970, en el Colegio Esteban Echeverría, era la hora del recreo. Como de costumbre, nos juntábamos los compañeros de la FEDE para charlar, nos fumábamos un cigarrillo y nos tomábamos algo en el buffet, que estaba en el primer piso. Aquella noche estaba también nuestro amigo Prenepio, que era compañero mío de banco.  Ricardo se acercó para contarnos que esa misma noche cantaba en una entidad judía progresista, la cantante Mercedes Sosa. El acto lo organizaba la Confederación Argentina de Estudiantes Secundarios (CAES) y nos proponía que nos fuéramos en el próximo recreo para participar del acto. Años después yo fui presidente de esa organización estudiantil.

Un Recuerdo sobre Mercedes Sosa.

Yo la verdad que por aquellos años no sabía quién era Mercedes Sosa. Cuando escuché su nombre pensé que era la viuda del cantante de tangos Julio Sosa y que estaba aprovechando el tirón del nombre del difunto marido, para promocionarse. Al final esa noche nos quedamos en el colegio y tiempo después supe quién era Mercedes Sosa.

Esta anécdota años después se la pude contar a la propia Negra, en una cena en la casa de Norma Morandini. La Negra nos había preparado una recepción con empanadas norteñas y vino, para Carlos Slepoy y yo que residíamos en España y  que  estábamos personados en las causas que instruía el Juez Baltasar Garzón, por los delitos de Genocidio y terrorismo de Estado cometidos en la Argentina. En aquellos momentos Pinochet estaba detenido en Londres y Mercedes quería estar enterada y al mismo tiempo nos quería ayudar en esta causa. A parte de Morandini la dueña de casa,  la presencia de Mercedes Sosa y Carlos Slepoy, estaba la escritora Elsa Osorio que fuera la encargada del encuentro y el editor General de Clarín Ricardo Kirschbaum.  Mercedes mientras  escuchaba  la narración de mi hipótesis juvenil de que había sido la viuda de Julio Sosa, no sabía si reír o mandarme a la mierda. El vino blanco hizo que la historia fuera celebrada con una carcajada colectiva.

Una Estrella de Ramos Mejía.

Volviendo a Ricardo, me gustaba escuchar su voz negra blusera, parecía que le estallaban las venas de la garganta cuando cantaba. Lo recuerdo con Jorge Capello haciendo gemir a las cuerdas, con Gustavo Rugna en la batería y Gabriel Yasky en el bajo, eran las semillas de aquellos tiempos. Lo recuerdo con su sonrisa contagiosa, con su permanente optimismo. Luego de mis largas estadías en Galicia lo visitaba cada tanto en su casa de Haedo, especialmente los fines de semana, que se juntaban para zapar. El propio Bocón nos cuenta los inicios musicales: “Con Willy Gardi, formamos el primer conjunto, éramos del mismo barrio y también Ricardo Jelicie, bajista y cantante de La Bolsa y Sacramento. El Reloj es el pionero del rock pesado y el heavy, trabajaron mucho por el oeste y el sur, no entraron en la capital”

Entre los grupos que forma parte podemos citar: Semilla de este tiempo 68-71; Engranaje 71-72; Sacramento 72-73 ;Moris 74; María José Demare 82-83; Onza  83-84; Baranda 85-89; El termo 86-87; Angel Funk 90-98; La Bolsa Rhythm & Blues 91-98; Freddy Valeriani  98-00.

En los últimos años asumió una activa militancia con su compañera Teresa Ugarte en el Partido Obrero. Ricardo Jelicie no solamente fue una extraordinaria persona, fue un excelente músico y cantante, también fue una persona que quiso cambiar el mundo.

Ricardo después de sufrir una larga enfermedad falleció el 6 de mayo del 2000. Desde aquel día su estrella brilla en el firmamento de Ramos Mejía.

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