Ante la gravedad de los bombardeos y ataques del ejército israelí sobre la Franja de Gaza y la dimensión de las diferencias evidentes entre la 4ª potencia en armas, como es Israel, contra la población sin ejército de una Palestina bajo ocupación colonial, pedimos la intervención inmediata de los organismos internacionales, para detener esta escalada trágica de muerte y devastación. Lo que existe en lo que queda de los territorios palestinos ocupados es un verdadero apartheid, que no sólo es una aberración en este siglo XXI, sino que es la mayor expresión del colonialismo racista y criminal.

Solicitamos asimismo que se tomen medidas ante la falsificación informativa que se reproduce en el mundo, que convierte a la víctima permanente de acciones de limpieza étnica como es el pueblo palestino -que sobrevive en condiciones inhumanas al colonialismo impuesto por Israel, violando todas las resoluciones de Naciones Unidas-, a informar con la verdad, que es un derecho de los pueblos.

El conflicto, si así puede llamarse, comenzó el pasado 7 de mayo con el brutal ataque de la policía y el ejército israelí contra el pueblo palestino que se encontraba  en la Mezquita de Al-Aqsa, en sus oficios religiosos, y luego en toda la explanada de las mezquitas, dejando centenares de heridos en los días subsiguientes.

También la represión israelí afectó a la comunidad cristiana en Jerusalén. Desde Gaza se solicitó al gobierno de Israel detener la represión y los intentos de continuar sacando a familias palestinas de sus casas, heredadas de sus antepasados en Jerusalén. para entregarla a los colonos, continuando con la violación a las resoluciones de la ONU con respecto a seguir instalando asentamientos, lo que constituye un brutal avance colonial sobre un pueblo indefenso.
Un pueblo cuyos territorios están siendo ocupado tiene todo el derecho a la defensa.

Por otra parte, es evidente la absoluta asimetría que existe entre el Estado de Israel y lo que queda de Palestina. Israel está repitiendo sus constantes bombardeos contra la destruida Gaza, contra una población a la que se impide llegar alimentos, medicamentos, sin ejército y que sólo tiene proyectiles que sus milicianos fabrican en talleres sin recursos o que acuden a piedras para defenderse. Los bombardeos y los misiles israelíes constituyen, en este caso, un crimen de lesa humanidad, una ofensa del gobierno de Israel a las víctimas del holocausto y para el propio pueblo israelí.

Esto lleva a las preguntas que se han hecho algunos analistas “¿Es lo mismo el invasor que el invadido? ¿Es lo mismo el atacante racista que la víctima del racismo y el colonialismo?”.

Estas consideraciones nunca aparecen en la prensa mayoritariamente en manos del poder hegemónico, que hablan de un “conflicto que se agrava”, como si de eso se tratara esta situación, normalizando los ataques terroristas sobre poblaciones indefensas.

Además, en este caso, se trata del apoderamiento de la Mezquita de Al Aqsa, tercer lugar sagrado árabe musulmán después de la Meca y Medina, por lo cual puede traer consecuencias temibles en la región.

Esto no puede considerarse un “enfrentamiento”, ya que es la implantación de una guerra terrorista, protagonizada por una potencia que posee armas nucleares, contra una población desarmada y sitiada. La Liga Árabe, la Unión Europea, organismos de derechos humanos, numerosos gobiernos del mundo, han hecho declaraciones contra lo actuado por Israel, por su intento de impedir el acceso a la Mezquita y los métodos utilizados.

Ante esta injusticia, y el avance de esta posición racista, que acude a la limpieza étnica violando todas las normas internacionales, llamamos a los gobiernos y pueblos del mundo a detener este avance colonial en el siglo XXI.

Nora de Cortiñas / Adolfo Pérez Esquivel / Ana María Careaga / Stella Calloni / 

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